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Tanguito, un juglar de barrio
16/09/2022 20:16 en Espectáculo

Tanguito no fue el poeta más exquisito, ni el compositor más brillante, ni el mejor cantante, tampoco se destacó en la ejecución de la guitarra, pero fue uno de los más genuinos artistas suburbanos. Alguien que, sin sospecharlo, marcó el inicio del Rock Nacional.1968, plaza Pineral de Caseros, en 3 de febrero y Carlos Tejedor; una plaza rodeada de talleres y casas de clase media. Un puñado de escolares se entretiene a la salida de la escuela en los juegos de la plaza. En el medio, a la sombra del inmenso ombú, una guitarra criolla da marco a la voz monocorde y cadenciosa que dice: “Me gusta verte en las mañanas, vestirte de colores, natural…”. Alrededor, un grupo pequeño de jóvenes vestidos con ropas de colores, ellas con capelinas y ellos con el pelo largo, desprolijos, somnolientos. Una patrulla estaciona frente a la Iglesia de la Medalla Milagrosa; baja un agente de la policía y desde la vereda grita: “¡Tango, vamos…!” La guitarra interrumpe su rasgueo por un instante… “Dejame terminar el tema”, protesta José Iglesias, sin esperanzas de cambiar la orden del policía. “Natural, natural…”, repite melodiosamente. Guarda la guitarra y se va caminando hacia la patrulla; el grupo se dispersa y desaparece. Tanguito sube a la patrulla y se lo llevan.

Otra denuncia, otra acusación, otra vez preso. Había robado un grabador en la disquería de cerca de la estación; con la excusa de querer verlo a la luz del sol, ganó la calle y se fue sin pagar el aparato. Antes ya le había robado discos…Tanguito llegaba furtivamente al andén de la estación Caseros del ferrocarril San Martín, sabía que tal vez no abordaría el tren que lo llevaba al “Centro”; cuando lograba hacerlo, se sentaba en el estribo para sentir el viento que le enmarañaba el pelo, y para ver qué tan lejos estaba el guarda del tren que le pediría un boleto que jamás compró.

Las luces del Centro al fin. Calle Corrientes, Avenida Pueyrredón, desde Juncal, donde estaba “La Cueva”, a la Avenida Rivadavia, a “La Perla” de Once. La bohemia, la poesía, los artistas, los embajadores del Mayo Francés, tipos raros… Tenían en común sus gustos artísticos y el rechazo de una sociedad que no los quería. Muchas veces debieron correr para escapar de turbas que querían cambiarlos a los golpes. Otras no. Algunas veces dejaban el “amor y paz” de lado y se trenzaban en grescas que los llevaban irremediablemente a la leonera de alguna comisaría.

Argentina vivía bajo el régimen de la dictadura cívico-militar de Onganía, que fomentaba una cultura tradicional y pacata. En los medios sonaban los habituales músicos de tango, folklore y la denominada “Nueva Ola”: Palito Ortega, Leo Dan, Violeta Rivas, Johnny Tedesco… Y, por otro lado, influenciados por los Rolling Stones, y su “Simpatía por el diablo”, Steppenwolf, con el emblemático “Nacido para ser salvaje”, Janis Joplin, cantando blues, con voz de negra, y Jimi Hendrix, incendiando sus guitarras, se gestaba en Buenos Aires la “Música Progresiva”, que pasaría a llamarse “Rock Nacional”.

Moris, Javier Martínez, Alejandro Medina, Billy Bond, Litto Nebbia, Miguel Abuelo, y Sandro, conformaban parte de esta avanzada musical, donde Tanguito encontraba su continente artístico.

 

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